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Una última petición: despedirse con «Castles in the Sky»

Un amante de la electrónica pidió que el clásico de Ian Van Dahl sonara en su funeral, ligado a sus recuerdos de los años de rave.

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Cuando sacaron su ataúd de la iglesia, empezó a sonar «Castles in the Sky», de Ian Van Dahl. Era lo que había pedido: que el tema que le había acompañado durante sus años de rave estuviera también en su despedida, junto a familiares y amigos.

La petición era concreta. No se trataba de elegir una canción solemne para la ocasión, sino de escuchar su favorita. Una pieza de su vida fuera del funeral, con todo lo que había ido acumulando entre noches de música y el paso del tiempo. El contexto cambió; la canción seguía siendo la suya.

No se facilitan su nombre, su edad ni el lugar de la ceremonia. Tampoco hace falta convertir esos huecos en una biografía imaginada. Lo que se cuenta es que este clásico del trance había adquirido un significado especial para él y que quiso dejarlo elegido para ese último momento.

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La escena tiene algo que cualquier persona con años de pista puede reconocer, aunque las circunstancias sean muy distintas. Hay temas que dejan de ser simplemente temas. Basta escuchar el arranque para recordar una época, a alguien con quien salías o aquella versión de ti que podía aguantar hasta el cierre y todavía tenía ganas de otra.

Aquí, ese vínculo se hizo literal: la música que había formado parte de sus noches acompañó la salida de su ataúd.

Un himno de pista en otro contexto

«Castles in the Sky» pertenece a esa electrónica melódica cuyo gancho no depende únicamente del golpe de bombo. La voz y la melodía tienen un peso enorme en su capacidad para quedarse contigo. En una pista, ese reconocimiento compartido puede levantar brazos; en una despedida, la misma canción adquiere una lectura completamente diferente, sin necesidad de cambiar una nota.

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Conviene no atribuir a quienes estaban allí emociones que no conocemos. No sabemos qué recuerdos asociaba cada familiar o amigo al tema. Sí sabemos que sonó en el momento solicitado, cuando el ataúd era llevado fuera de la iglesia. Ese gesto respetaba una elección muy personal, por poco habitual que pueda parecer escuchar trance en ese entorno.

También hay algo valioso en contar esta historia sin tratarla como una rareza. Para quien ha vivido parte de su vida alrededor de la electrónica, elegir una canción de rave puede ser tan natural como escoger cualquier otra música ligada a su historia. El volumen, la cabina y la pista son una parte; lo que te llevas a casa después es otra.

Esta vez, Ian Van Dahl no sonaba para alargar una noche. Sonaba porque alguien había dejado claro cómo quería que le despidieran. Y la elección era esa, no una versión más discreta de sus gustos.

Fuente: @technoislove5 en Instagram

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