CulturaUn director lleva la electrónica a los pasillos de un colegio de Leicester
En la Braunstone Community School de Leicester, el director cierra las clases del viernes con un altavoz, electrónica y baile junto a sus alumnos.
Los viernes, el director de la Braunstone Community School de Leicester recorre los pasillos con un altavoz y música electrónica. Abre las puertas y los alumnos se suman al baile. El cierre de las clases tiene aquí algo más de ritmo que recoger el estuche y salir por la puerta.
La escena es sencilla: quien normalmente asociamos con normas y reuniones aparece para compartir un rato de música con los niños. No hace falta una cabina ni un despliegue de luces. Basta con llevar el sonido de una puerta a otra y dejar que las ganas de moverse hagan el resto.
Una pequeña «rave» escolar, con todas las comillas que le corresponden al término. Aquí no hablamos de una fiesta de club trasladada a un colegio, sino de una despedida de la semana en la que la electrónica pone la banda sonora y el director participa junto a sus alumnos.
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Y eso tiene bastante más gracia que otro discurso sobre lo importante que es pasarlo bien juntos.
La propuesta tiene el bienestar y la convivencia como objetivos. Ofrece un espacio para moverse, expresarse y disfrutar en compañía al terminar las clases. Conviene distinguir la intención de los resultados: no hay datos que permitan atribuirle mejoras académicas ni efectos medidos sobre el alumnado. Lo que se cuenta es una actividad compartida, recibida con entusiasmo por los niños.

Electrónica sin examen de acceso
La iniciativa ha llamado la atención en redes por la conexión entre el director y sus alumnos. Ese es el detalle que sostiene la historia, por encima de la etiqueta rave: la persona que dirige el colegio se implica en el baile, en lugar de quedarse al margen mirando cómo se divierten los demás.
Para quienes frecuentamos clubs y festivales, hay algo reconocible en esa dinámica. Suena música, alguien empieza a moverse y el grupo se anima. Cambian el espacio y el contexto, por supuesto, pero compartir un ritmo no exige conocer al productor, distinguir subgéneros o tener una opinión sobre el último cartel de moda.
Tampoco se identifica qué temas suenan en estos encuentros. Así que mejor no adjudicarle al director una selección de techno contundente ni una sesión de house: sabemos que lleva música electrónica, y con eso basta para entender la propuesta. El entusiasmo no necesita una ficha de Discogs adjunta.
Lo interesante está en esa escala pequeña. Un altavoz, los pasillos habituales y un momento reservado para hacer algo distinto al acabar la semana. Sin convertirlo en una receta educativa universal ni pedirle al baile que resuelva todos los problemas del aula.
En Braunstone, el director se encarga de poner música los viernes. Bastante mejor uso del altavoz que otro aviso para recordar que no se corre por el pasillo.
Fuente: @technoislove5 en Instagram
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