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La rave no tiene edad: mujeres de 40 a 65 años reivindican la pista

Un estudio de la Universidad de Leeds analiza cómo las raves ayudan a mujeres de 40 a 65 años a desconectar y encontrar comunidad.

EEDM is love··2 min lectura Compartir

Entre 40 y 65 años, con ganas de bailar y sin necesidad de pedir permiso a nadie. Mujeres de esa franja de edad protagonizan una investigación de la Universidad de Leeds sobre lo que encuentran en las raves: desconexión, bienestar emocional y un sitio donde sentirse parte de algo.

El trabajo, publicado en Psychology of Music, analiza cómo bailar y participar en la escena electrónica puede ayudar a reducir el estrés y romper con la rutina. Muchas de las participantes describieron esas noches como una manera de reconectar consigo mismas. La música importa, claro. Pero también importa poder estar allí, compartir espacio y dejar de atender durante un rato todo lo que reclama atención fuera de la pista.

Conviene afinar el titular: esto no convierte una rave en una terapia ni permite recetar una sesión como tratamiento. Lo que recoge la investigación son experiencias de bienestar y pertenencia. La diferencia cuenta, especialmente cuando hablamos de salud mental y resulta tan tentador vender una solución sencilla a problemas que no lo son.

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La pista no caduca al cumplir años

Uno de los puntos más interesantes del estudio es cómo cuestiona la asociación automática entre cultura rave y juventud. Como si a partir de cierta edad hubiera que cambiar el bombo por una actividad considerada más apropiada. Aficionarse a la electrónica no trae una fecha de retirada obligatoria, aunque algunos clichés sobre la noche parezcan empeñados en ponerla.

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Para las mujeres participantes, bailar puede abrir un espacio de libertad y expresión personal. No hace falta convertir cada salida en una gran declaración: a veces basta con escuchar música que te mueve y no tener que explicar por qué sigues saliendo. Ese derecho a disfrutar parece básico. El estudio invita a pensar en quién siente que tiene que justificarlo.

Y ahí entra la comunidad. Muchas destacaron el sentimiento de pertenencia que encuentran en la escena, un elemento que va más allá de quién esté en cabina. Puedes ir por la música y valorar especialmente la sensación de estar a gusto entre otras personas. No es un detalle menor.

El relato tampoco es una postal perfecta. Algunas participantes señalaron que se habían sentido fuera de lugar o habían vivido situaciones incómodas. El texto disponible no concreta cuáles, así que no toca rellenar los huecos. Pero sí recordar que una pista abierta sobre el papel no siempre se vive igual desde dentro.

Para quienes organizan fiestas, hay una lectura bastante práctica: la diversidad de edades también forma parte de la cultura de club. Si alguien de 60 años siente que tiene que dar explicaciones por estar bailando, quizá lo que sobra no sea esa persona. Es el prejuicio.

Fuente: @technoislove5 en Instagram

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