ClásicosIbiza en 2008: S’Arenal antes de que el recuerdo se hiciera nostalgia
Las imágenes de S’Arenal y el paseo de Sant Antoni en 2008 recuperan el recuerdo de una Ibiza con noches marcadas por el house y el trance.
S’Arenal, Sant Antoni, 2008. Una playa y un paseo marítimo bastan para ponerle fecha a una forma de recordar Ibiza. No hace falta un primer plano de la cabina ni reconocer el tema que está sonando: a veces, el archivo de la electrónica empieza bastante lejos de los altavoces.
Las imágenes recuperan ese rincón de la isla hace 18 años, cuando el house y el trance marcaban sus noches y miles de personas llegaban cada verano buscando música y libertad. El encuadre es cotidiano, una playa y su paseo, pero la memoria de quien estuvo allí seguramente añade bastante más de lo que aparece en pantalla.
El tema que se te quedó pegado. La gente con la que acabaste hablando. Ese regreso que parecía mucho más corto al salir.
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Son asociaciones, no cosas que podamos dar por vistas en estas imágenes. Ahí está precisamente la gracia de este tipo de archivo: para unos es un lugar reconocible; para otros, una ventana a una época de la isla que conocen por relatos ajenos. Y para quien vivió aquel verano, puede que ni siquiera haga falta darle al sonido.

La isla también se recuerda fuera de la cabina
Al contar la historia de la electrónica solemos tirar de grandes sesiones, carteles y nombres de artistas. Tiene sentido. Pero la playa de S’Arenal y el paseo de Sant Antoni permiten mirar otra parte de esa cultura: los espacios que rodean a la noche, donde el plan todavía no ha empezado o donde cuesta darlo por terminado.
El house y el trance funcionan aquí como coordenadas del recuerdo. No tenemos un tracklist ni una sesión concreta, así que ponerse a adjudicar himnos sería hacer de DJ con la memoria de los demás. Mejor quedarse con lo que sí plantea el archivo: una Ibiza de 2008 cuya vida nocturna atraía a gente cada verano y cuyo paisaje cotidiano hoy despierta nostalgia.
Eso tampoco convierte las imágenes en una prueba de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Una playa no explica por sí sola cómo funcionaba toda la isla, ni permite comparar cada noche de entonces con las de ahora. La nostalgia tiene bastante de selector: guarda ciertos momentos y deja otros fuera de la sesión.
Aun así, se agradece que el foco esté en un lugar y no en quién ocupaba la mesa más cara. Hay algo más cercano en reconocer un paseo que en contemplar otra postal de lujo. El recuerdo de una salida también pertenece a quienes la hicieron a pie.
2008 ya queda a casi dos décadas. Lo suficiente para que aquel paisaje cotidiano se haya convertido en archivo, aunque a más de uno todavía le parezca que volvió de ese verano hace cuatro días.
Fuente: @ibizaislovee en Instagram
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