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Amnesia, Alfredo y la terraza que cambió la forma de bailar

De una finca ibicenca en 1976 al impacto de Alfredo en Paul Oakenfold: 50 años de Amnesia y del espíritu que dio forma al sonido balearic.

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Antes de los grandes montajes, hubo una terraza bajo el cielo de Ibiza. En 1976, un filósofo español convirtió una antigua casa de campo del interior de la isla en un club al aire libre. Lo llamó Amnesia. Cincuenta años después, aquella imagen sigue explicando bastante bien por qué tanta gente busca algo más que un cabeza de cartel cuando pisa una pista.

Ese mismo año, Alfredo Fiorito dejó Rosario, Argentina, y llegó a Ibiza. Son dos puntos de partida que acabarían cruzándose: el de un espacio donde bailar hasta el amanecer y el de un DJ cuya manera de seleccionar música ayudaría a definir el sonido balearic.

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La clave no estaba en mantener cada disco dentro de su casilla. En las sesiones de Alfredo en la terraza de Amnesia podían convivir Prince, U2 y el house de Chicago. No hace falta situar toda esa mezcla en 1976: aquel fue el año de su llegada, no una fecha que explique de golpe todo lo que vino después.

Lo importante era la relación entre los temas. Pasar de una canción reconocible a un disco pensado para la pista sin que el cambio pareciese un accidente. Leer a quienes estaban bailando y encontrar el siguiente movimiento. Dicho así parece sencillo; hacerlo desde una cabina ya es otra historia.

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Un cumpleaños con consecuencias en Londres

En 1987, Paul Oakenfold viajó a Ibiza para celebrar su cumpleaños y escuchó pinchar a Alfredo. Se llevó aquella energía de vuelta a Londres. Poco después arrancaría la gran era rave británica, y esa conexión entre la terraza ibicenca y las pistas del Reino Unido quedó como uno de los episodios fundamentales de este relato.

Conviene no convertir una noche en la explicación completa de una escena. Una cultura de baile necesita público, espacios y gente dispuesta a mover discos. Pero hay encuentros que permiten imaginar otra manera de hacer las cosas. El de Oakenfold con las sesiones de Alfredo sirve para entender cómo una idea puede salir de una cabina y encontrar eco muy lejos.

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También ayuda a quitarle algo de rigidez a la palabra balearic. Más que una obligación de sonar de una forma concreta, aquí aparece como una libertad: elegir el tema que encaja, aunque su etiqueta diga otra cosa. Menos control de pasaportes musicales, más oído.

Con el medio siglo de Amnesia como referencia, resulta tentador quedarse únicamente con la postal de la terraza. A mí me interesa más la lección práctica de aquella selección: una sesión puede tener personalidad sin llevar toda la noche el mismo traje.

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Y si entre Prince y un disco de house hay una pista que sigue bailando, el purismo puede esperar fuera.

Fuente: @ibizaislovee en Instagram

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